Y “Maná” volvió a encender mi corazón… Aylan Kurdi estaba ahí

“AYLAN KURDI, así se llamaba este ángel de tres años”. Esta frase daba inicio al último párrafo de un artículo que publique el día 3 de septiembre, un articulo (“Cuando un ángel se muere”, ese es el título), en el cual intentaba contar -vomitar mas bien diría yo – un grito del alma…una rabia, una constatación, una impotencia. Sentimientos dolorosos que me pusieron varios nudos en la garganta. Una imagen,  la de un niño de tres años, cuyo cuerpecito estaba tirado ya sin vida en una playa turca. Sentimientos que, muchos otros mas como yo, compartían, sentimientos que habían hecho llover ríos de tinta digital y llenado las tertulias radiofónicas de personas con opinión muy bien formada, con critica acida al sistema pero que en definitiva no aportan casi ninguna solución viable, realista e inmediata. Sentimientos profundos en el corto recorrido pero difuminados en el largo aliento. Así es, porque al cabo de unos días -como ya es nuestra costumbre- todas esas emociones, tristeza y solidaridad bien intencionadas, se han ido diluyendo en el mar de la multimedia, en esa torre de babel emocional que son las redes sociales.


“Se que no estoy libre de sufrir -con el tiempo- el mismo alzheimer ¿moral?, ¿emocional? ¿humanista? que otros, pero mientras pueda ejercitar el alma tanto como las sinapsis de mis neuronas y, el corazón me lo permita, seguiré intentando no perderme ni olvidarme.”


Terminaba el artículo diciendo que “Por mi parte, sufro la ironía de la vida, de la vida mía que aún sigue…roto por su evitable, humillante y atroz forma de morir, entendiendo la impotencia de su Padre al no poder salvar a sus dos hijos y a su mujer…la ironía, digo, es que el día 9 de septiembre de 2015, será un día especial para mi y cuando esté disfrutando de ese día y de los acordes que me traigan unos maestros mexicanos, recordare a ese Ángel que ya nunca mas podrá llorar, y por el que ya no lloraremos…ese otro ángel llamado Aylan…”

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Un momento del concierto

Pues bien, ese día llegó. En el BEC (Bilbao Exhibition Centre) de la ciudad de Barakaldo, la banda mexicana “Maná” nos ofreció un concierto en el cual hubo un tiempo para cantar, para bailar, para recordar, para emocionarse, para disfrutar. En fin, para aquello por lo que uno paga la entrada. Hasta ahí lo normal. Mas allá, en el escenario, tres grandes pantallas Led, sobre todo las dos laterales, no traían la inmensa figura de Fer el vocalista, inmensa en todos los sentidos. Una linea de llamaradas al compás de la música nos calentaba cada vez mas (la gira lleva por nombre “Cama Incendiada”, como su último álbum) y como colofón -momentáneo-, una plataforma móvil y levadiza sobre la cual “un animal”, Alex el batería, demostró porque es considerado uno de los mejores en el mundo en su especialidad. Todo ello acompañado por los dos Maná restantes Juan Calleros un bajista que parece que no está pero vaya que si y Sergio Vallín la guitarra que va desde lo clásico hasta el éxtasis pasando por el reggae como si nada. Sin olvidarse -eso si- de los “otros Maná”, los que respaldan con percusión, guitarra y teclados. ¡Un espectáculo!.


“estaba dicho todo, todo estaba cantado y contado, sonaban los acordes de “Cuando los Angeles Lloran” y sí, AYLAN KURDI estaba ahí”


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La entrada para una noche mágica

Dinero bien invertido, el de la banda en su puesta en escena y el de las mas de 10.000 personas que estuvimos en el BEC. Pero hay algo que no se mide en “plata”, ni se puede cuantificar  en discos de oro, ni siquiera se registra en “Grammys”. Hay algo que a un poeta, a un escultor, a un actor, a un pintor, a un escritor o a un músico, normal bueno o excelente, lo convierte en un ARTISTA y eso -creo yo- es el COMPROMISO y su hermana gemela la COHERENCIA.

Una cosa es escribir letras comprometidas con la ecología, con la Madre naturaleza, contra la guerra y los poderes facticos, contra la injusticia, y otra cosa es “mojarse” en el escenario donde cualquier palabra o frase puede llevar a la mayor ovación o a la mas desastrosa de las pitadas, o peor aún, a un absoluto y sepulcral silencio. Bien lo saben los políticos, quizás por ello utilizan la elocuencia sin sustancia, el verbo fácil y absurdo (aprendido, o por telepronter o vía “pinganillo”)  que les permite navegar en ese limbo ambiguo, de ambiguas palabras y no menos ambiguos corazones, que es el mitin permanente en el que viven y por el cual se desviven para mantenerse junto con sus privilegios (pena de guillotina).


“Hay algo que a un poeta, a un escultor, a un actor, a un pintor, a un escritor o a un músico, normal bueno o excelente, lo convierte en un ARTISTA y eso -creo yo- es el COMPROMISO y su hermana gemela la COHERENCIA.”


Maná demostró una vez mas ayer, que un artista debe ser coherente y comprometido. Todo lo que se aleje de esta premisa es solo “palabra de político en campaña”, es decir el olvido.

¿Y como lo demostró?, muy fácil. Además de recordar el vil asesinato de “Chico” Mendes (1988), y la necesaria connivencia en el mismo del entonces Presidente de Brazil Fernando Collor de Melo, recordaron la lucha de Mendes en favor y defensa de la Amazonía. Nos recordaron que era absurdo pretender que podríamos salvar la tierra pero que es imprescindible que la respetemos. Que la tierra no nos pertenece que es al revés y que si no la cuidamos la misma tierra acabará por expulsarnos a los seres humanos. Ecologísmo inteligente y no para la galería, una diferencia mas con los del verbo fácil.

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Maná en su “Cama Incendiada”

Pero ahi no quedo la coherencia y el compromiso, no se conformaron. Llego un acto de valentía frente a los buenísimos, a lo políticamente correcto, sobre todo en los círculos mas “progres”. Saltaron sin red, en una sociedad como la nuestra -la vasca- que gusta de ensalzar las supuestas causas libertarias aunque sean sapos y culebras que luego nos tengamos que tragar, saltaron digo sin red al manifestarse públicamente contra la detención arbitraria y el juicio no justo de Leopoldo López, político opositor a Nicolas Maduro en Venezuela. Un canto a la libertad de expresión y de conciencia.

Como no aplaudir, como no ovacionar. Como no emocionarse. Pensé que en algún momento del concierto se recordaría la muerte de ese niño, de ese ángel de tres años muerto en una playa turca, o bien la tragedia de los refugiados, de todos ellos, o bien a los 43 jóvenes mexicanos, o a los miles de desplazados etc…no fue así , ¿para qué?, estaba dicho todo, todo estaba cantado y contado, sonaban los acordes de “Cuando los Angeles Lloran” y sí, AYLAN KURDI estaba ahí, a mi lado;

Maná volvieron a encenderme el corazón, y Aylan, el cual ya no necesitaba llorar, me prestó -gentilmente- sus lagrimas

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