¿NO ES SOCIEDAD PARA VIEJOS?

Nuestra sociedad y los problemas asociados a esta comunidad global de la información van tan de prisa que las noticias van y vienen, algunas se quedan más tiempo que otras en nuestra memoria y aquellas que no conllevan un escándalo social, económico, político o real (de realeza) simplemente se difuminan, no sólo en la red sino que también en nuestras mentes. Es como si nunca hubiesen existido. Así nos va. Tenemos una cultura de lo inmediato. Somos una sociedad que parece que empieza a sufrir la fase temprana de un Alzheimer. Quien haya tenido la desgracia de tener un ser querido aquejado por esta enfermedad, sabrá de lo que estoy escribiendo. Como también sabrá que las dos siguientes fases son cada una más terrible que la otra.

El Ministro japones

El Ministro japones

Sucedió a finales de enero y pasó como una anécdota entre los tantos escándalos de los que hacía referencia antes. En el transcurso de una encuentro de expertos que trataban aspectos relacionados con la Reforma de la Seguridad Social en Japón, el ministro de Finanzas y Viceprimer Ministro, Taro Aso, declaró que el sistema médico debe cambiar de manera que “se mueran pronto” muchos de los pacientes terminales que ahora utilizan “el dinero del Gobierno” para sus caros tratamientos. No contento con ello añadió: “Yo no puedo dormir bien si pienso que estoy utilizando el dinero del Gobierno para recibir un tratamiento muy caro”, refiriéndose a los enfermos como, “la gente del tubo”. También habló de las molestias que daban los “viejos chochos” para terminar rematando (nunca mejor dicho) con: “No resolveremos el problema hasta que dejemos que se den prisa y mueran”.

Actualmente el país del sol naciente posee una de las poblaciones más longevas. El 25% del total supera ya los 60 años y se estima que ese porcentaje podría aumentar al 40% dentro de los próximos 50 años. Euskadi es–después de Japón- el segundo en el ranking de sociedades envejecidas.

¿Debemos permitir que se ningunee a aquellos que hicieron posible nuestro sistema social?, lo digo porque si ignoramos estas advertencias es posible que cuando nos llegue la hora, tengamos que pedir un aval para poder envejecer.

El sheriff de “No es país para viejos”

Viene a mí recuerdo una escena de una película – dirigida por los hermanos Coen y basada en una novela de Cormac McCarthy -, en la cual un veterano Sheriff de un pueblo de la frontera entre México y Estados Unidos charla con un colega ya retirado y en silla de ruedas (y que por compañía sólo tiene a unos cuantos gatos), sobre el cómo ha cambiado la vida. Descubren que “su” mundo (el de los agentes de la ley en esas latitudes) siempre ha estado rodeado de caos y violencia y que son ellos, cuando se acerca el otoño de sus vidas, los que no pueden afrontarlo como antes. Es en esta conversación cuando el sheriff fronterizo dice que ha decidido jubilarse, que los cambios que ve a su alrededor no los entiende ni comparte, que ya no es una sociedad para él. No Es País para Viejos es una película que –desde su título- nos enseña que hay sociedades, países y personas que, cuando llega el momento del retiro, nos señalan que el mundo en que uno vivía ya no nos deja el espacio para sentirnos útiles, que somos una “carga” y que no merecemos seguir entre nuestros iguales.

Las manos de toda una vida

Las manos de toda una vida

En efecto, ésta película nos deja varias reflexiones, pero la que nos debería importar es la de los acontecimientos sociales que nos están rodeando. ¿Queremos que nuestra sociedad acabe teniendo como slogan: “Este no es país para viejos”?. Yo no y creo que –para evitarlo- uno de los caminos a seguir es el de la innovación, sobre todo en estos tiempos de crisis.

Hay en Euskadi empresas, organizaciones e instituciones, públicas y/o privadas, que están innovando para que sus productos y servicios puedan ser utilizados por personas que están en el proceso –que no enfermedad- del envejecimiento y hacerlo de la manera más digna, independiente y activa posible. Se están dando pasos para permitir que las personas puedan permanecer el mayor tiempo posible en sus domicilios y con una vida social y personal, lo más plena posible.

Pero resulta que estos procesos innovadores no solo sirven para aquellos que tienen algún grado de dependencia. También estos procesos son útiles a la sociedad en general ya que nos demuestran que pueden generar empleo juvenil, puestos de trabajo indirecto y también sirven para preparar a nuestros futuros profesionales, doctores, investigadores etc., es decir sirven para crear capital humano especializado y actualizado. Sirva como ejemplo de esto último el proyecto HOUSGAI, en el cual 14 empresas de diversos sectores se han unido para innovar en productos y servicios. Fruto de esto es la inauguración de una vivienda piloto en Sestao. Lo sé porque Etxekide S.L. -la empresa en la que trabajo- colabora con la Fundación Matía, líder de este proyecto.

En los “Martes de Innobasque” asistimos muchos a escuchar lo que desde Europa, la Patronal, los sindicatos y expertos, nos plantean con respecto a adecuarnos a un nuevo paradigma de sociedad. Gestionar los puestos de trabajo por edades, lograr un eficiente y eficaz intercambio generacional, conciliación con la vida personal y social, permitiendo la entrada al mercado laboral de más jóvenes y un largo etc. de propuestas. Todo ello gestionando el último tercio de vida laboral plenamente activa, es decir de los 55 a los 70. También estos debates y encuentros nos sirven para innovar.

Esa es la palabra, innovar, que no es lo mismo que inventar. Esto último es un proceso solitario, hacia adentro, hacia uno mismo. En cambio la innovación requiere de propuestas, de debates, de alianzas. Innovar significar renovarse. ¿Para que?, para compartir ¿y con quien compartir?, si eres empresa con el cliente final; ¿y en la sociedad, quien es el cliente final?, el cliente final somos todos nosotros, la sociedad. Debemos relacionarnos, fortalecernos, tomar conciencia que sólos no vamos a ninguna parte que no sea el despeñadero, no sólo económico, también espiritual y social.

Por todo ello, y más, es que deberíamos reflexionar nuevamente : ¿Queremos que nuestra sociedad acabe teniendo como slogan : “Este no es país para viejos”?. Yo no, ¿y usted?.

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